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Craneos

Una de las partes más llamativas de un esqueleto es el cráneo, debido a la increíble diversidad de formas y tamaños que existen en el mundo animal. Podemos encontrar cráneos diminutos, como los de la rana Paedophryne amauensis, que miden apenas 3 mm, convirtiendo a esta rana en el vertebrado más pequeño conocido (Rittmeyer et al., 2012). Por otro lado, algunas ballenas del género Balaenoptera tienen cráneos que alcanzan hasta 6 metros de longitud (Berta, Sumich, y Kovacs, 2015). El cráneo cumple diversas funciones esenciales en los vertebrados. No solo protege el cerebro de golpes y sacudidas, sino que también brinda soporte a la mandíbula y resguarda los órganos relacionados con nuestros sentidos, como la vista, el oído, el olfato y el gusto. Además, el cráneo posee estructuras altamente sensibles al tacto. (Kenneth V. Kardong 2007).


Es importante mencionar que no todos los seres vivos poseen cráneo. Esta característica es exclusiva de los vertebrados, un grupo de animales que se caracteriza por tener una columna vertebral y una notocorda. (Kenneth V. Kardong 2007). La columna vertebral es aquella serie de huesos que podemos palpar en nuestra espalda y que, en animales como los perros, se extiende desde la nuca hasta la punta de la cola. La notocorda, en cambio, es una estructura cartilaginosa que surgió en los primeros peces y proporciona soporte a la médula espinal. En los humanos, la notocorda está presente en las etapas embrionarias, pero a medida que se desarrolla la columna vertebral, la notocorda se convierte en el núcleo pulposo que se encuentra entre cada vértebra (González 2014).


A pesar de que solemos asociar los cráneos con huesos, algunos animales tienen cráneos de cartílago, como los tiburones, rayas y peces sin mandíbulas. Esto nos lleva a una interesante clasificación entre los animales con mandíbula, denominados "gnatostomados" por los científicos, y los animales sin mandíbula, conocidos como "agnatos" (Kenneth V. Kardong 2007). Entre los animales sin mandíbula, encontramos a los mixinos y las lampreas, que se asemejan a anguilas, pero tienen bocas en forma de ventosa.


A partir de esta información, podemos adentrarnos en las características de los cráneos de diversos grupos de vertebrados, siguiendo un orden evolutivo que incluye a peces, anfibios, reptiles, mamíferos y aves. Empecemos con el primer grupo: los peces. Estos peces presentan cráneos cinéticos, lo que significa que tienen múltiples articulaciones, no solo en la mandíbula. Un ejemplo de esto lo podemos observar en el cráneo del huachinango, el robalo y el pez gato cola roja. Esta cinética les permite abrir la boca rápidamente, generando un vacío que resulta muy útil para atrapar presas más pequeñas de forma activa (Kenneth V. Kardong 2007).

El segundo grupo, los anfibios, tienen un cráneo bastante simplificado ya que muchos de sus huesos se han fusionado, además, son acinéticos, por lo que la única articulación que tienen es la de su mandíbula, sin embargo, su alimentación, como en los peces, se puede dar por succión cuando expanden el suelo de su garganta rápidamente. Otra forma que tienen los anfibios de alimentarse es a través de una lengua pegajosa que pueden proyectar para que su presa se adhiera (Kenneth V. Kardong 2007).


El tercer grupo son los reptiles, ellos poseen una gran variedad en sus formas y tamaños, podemos dividirlos en grupos más pequeños, los rincocéfalos o tuataras, que son lagartos muy primitivos que se encuentran en peligro de extinción, los cocodrilos, las tortugas, los lagartos y las serpientes (O’Shea y Halliday 2002).


El primer grupo de reptiles del que hablaremos son los cocodrilos, estos poseen cráneos muy grandes y resistentes que no tienen mayor movilidad que la de su mandíbula, por lo que los podemos considerar como animales con cráneo acinético (Kenneth V. Kardong 2007).


Por otro lado, tenemos a las tortugas, estas también tienen cráneos acinéticos que no hacen más que abrir y cerrar las mandíbulas. Algo muy curioso es que en vez de dientes las tortugas tienen picos o “ranfotecas”, como las aves, estos son de un material llamado queratina que es el mismo del que se componen nuestras uñas (Fuente y González 1998).



El tercer grupo de reptiles que tenemos es el de los lagartos, en este grupo entran las iguanas, las lagartijas que vemos en el patio, los grandes dragones de Komodo de indonesia, entre otros. En ellos vemos un cráneo cinético ya que tiene más articulaciones que las de la mandíbula y es bastante móvil (Kenneth V. Kardong 2007).


El último grupo de reptiles del que hablaremos son las serpientes, estas se caracterizan por no tener extremidades, es decir, no tienen patas, debido a esto las serpientes desarrollaron cráneos muy cinéticos que les permiten capturar y tragar a su presa. Un mito sobre las serpientes es pueden desarticular su mandíbula ya que, en realidad, lo que tienen entre las mandíbulas son tejidos muy elásticos que se pueden adaptar al tamaño de sus presas (Kenneth V. Kardong 2007). Tan solo por el cráneo y los dientes podemos clasificar a las serpientes en 4 grupos más pequeños; aglifas, que no tienen colmillos venenosos, opistoglifas, que tienen en la parte de atrás del hocico dientes que pueden inocular veneno, protoeroglifas, que los tienen al frente y solenoglifas, que tienen colmillos venenosos retractiles (Cañas, Castaño, y Castro-Herrera 2016).



Ahora hablemos de los mamíferos, los cuales poseemos un doble paladar que separa las vías alimentarias y aéreas, esto es útil ya que nos permite masticar por periodos de tiempo largos sin dejar de respirar, aunque parezca raro muy pocos animales pueden hacer esto, entre ellos, los cocodrilos y algunas tortugas. Este paladar secundario también nos permite tener una cámara nasal que calienta el aire antes de que entre a los pulmones, algo muy importante para animales activos y de sangre caliente. Nuestros cráneos, además, son a cinéticos, no podemos más que mover nuestras mandíbulas, esto, aunque parezca una desventaja, nos permite tener dientes que encajan muy bien entre ellos y que pueden procesar mejor los alimentos, como en el caso de las ovejas (Kenneth V. Kardong 2007).

Por último, las aves, lo más llamativo de sus cráneos son los picos, que están hechos del mismo material de nuestras uñas, la queratina, y que tienen diversas formas y colores dependiendo de la especie y sus hábitos. También presentan cinética, lo que, en un animal como el avestruz, permite que incluso puedan abrir el pico sin abrir la boca por completo. En las aves que se alimentan de presas resbaladizas podemos encontrar que sus picos tienen forma de sierra para que tengan mejor agarre (Kenneth V. Kardong 2007).


Este blog es posible gracias a:

El Arquitecto de Huesos

Centro de Investigación y Docencia para el Manejo Integral de los Recursos Acuáticos
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa


Referencias


  • Berta, Annalisa, James L. Sumich, y Kit M. Kovacs. 2015. Marine Mammals Evolutionary Biology. Third Edition. United States of America: Elsevier. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-397002-2.00001-6.

  • Cañas, Carlos, Santiago Castaño, y Fernando Castro-Herrera. 2016. Serpientes venenosas: lecciones aprendidas desde Colombia. https://doi.org/10.13140/RG.2.1.2218.8565.

  • Díaz Aros, Roberto. 2022. “Origen y evolución de las vértebras”. http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/129769.

  • Fuente, Marcelo Saúl de la, y Jorge Antonio González. 1998. “El origen y la evolución de las tortugas: nuevas evidencias en Pangea meridional”. Museo no. 13 (diciembre). http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/49359.

  • González, José Ignacio Garrido. 2014. “Estadios iniciales de la morfogénesis discovertebral”. Http://purl.org/dc/dcmitype/Text, Universidad Católica San Antonio de Murcia. https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=91251.

  • Kenneth V. Kardong. 2007. Vertebrados: Anatomía comparada, función Y evolución. Cuarta Edición. España: McGraw-Hill.

  • O’Shea, Mark, y Tim Halliday. 2002. Reptiles y Anfibios, Manuales de identificación. Barcelona: Ediciones Omega S.A.

  • Rittmeyer, Eric N., Allen Allison, Michael C. Gründler, Derrick K. Thompson, y Christopher C. Austin. 2012. “Ecological Guild Evolution and the Discovery of the World’s Smallest Vertebrate”. PLOS ONE 7 (1): e29797. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0029797.

  • Sears, Richard, y William F. Perrin. 2009. “Blue Whale: Balaenoptera musculus”. En Encyclopedia of Marine Mammals (Second Edition), editado por William F. Perrin, Bernd Würsig, y J. G. M. Thewissen, 120–24. London: Academic Press. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-373553-9.00033-X.

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